miércoles, 3 de abril de 2013

CAMINATAS

Salgo a caminar por los senderos antiguos  entre árboles, setos y prados.
Dejo atrás las casas nuevas con jardines bien cuidados y llego al río, pequeño, tan pequeño que podría saltarlo de un brinco pero trae mucha agua y se adivina muy fría, así que mejor no intentarlo y cruzar por el puente que parece de juguete.


    



El río sigue hacia la playa por un paraje verde y húmedo, rodeado de encinas, describiendo meandros y haciendo posible que en sus márgenes arenosas se alimente el "correlimos", pesque la "garza" y alboroten los "petirrojos" y los "mirlos"("ñervatos" en asturiano).

                                        

El camino sube y te ofrece la vista del río llegando a la playa, besando los pies a la enorme encina que hunde sus raíces en la arena.

 
Sigo hacia el Norte y pronto veré el mar. La estrecha y pequeña entrada que se abre en una playa de arena fina, que con la marea alta se transforma en una piscina de aguas tranquilas rodeada de rocas oscuras que hacen destacar más los brillantes reflejos que pone el sol en los atardeceres.
 
 
Más adelante y mirando al mar aparecen los Castros, islotes de diversos tamaños que forman un mini archipiélago en el que las olas juegan al escondite y las gaviotas encuentran su refugio por las noches.
Me gustan cuando hay tormenta y el mar parece que va a volcarlos; me gustan cuando el mar está azul y el cielo también y ellos destacan con su gris de piedra y su verde vegetación; y en los días que el gris del cielo se iguala al gris del mar y ellos son unas sombras oscuras, que custodian antiguos secretos de marinos perdidos. Entre sus abruptas paredes podría esconderse la cueva de algún dios de aquellos que hacía la vida imposible al pobre Ulises camino de su Ítaca.
 
 
Y el caminante vuelve al camino, mar a un lado, monte al otro y en el medio los prados y el pueblo y los bosques....
Y la mayoría de las veces ni una presencia humana, nadie, naturaleza en soledad, sonidos puros,  aire, mar, caballos, ovejas y vacas y mi perra que siempre va conmigo.
Hoy sin embargo voy bien acompañada. A. va a buscar la piedra y nos encontramos un continuo trajín de gentes, bicicletas, niños, perros....es domingo de Pascua, día radiante tras unos cuantos de lluvia y todos nos pusimos de acuerdo para disfrutar de esas temperaturas casi casi veraniegas. Todos no están contentos, los de Porrúa están contrariados, la tierra está muy húmeda y no pueden plantar las patatas, la tenían preparada y con tanta lluvia se les llenó otra vez de hierbas y está tan mojada que parece un lodazal....y con esa paciencia que da la tierra dicen: "....volveremos a arar y ya se plantarán más allá....".
Y por la tarde vuelvo a leer a Claudio Magris y si él tiene su Laguna yo tengo mi Senda. El caso es abrir los ojos del corazón y verla.
 
 








3 comentarios:

Angel dijo...

El paseo precioso , como siempre. La piedra pesada como lo que es, pero ya la tienes en casa.

Yoyo dijo...

Tu paseo, Marisol, ha sido de lo más relajante..... seguro.
Leer la forma de contarlo, lo ha sido para este también "correcaminos". Lo de la piedra..... como que me lo figuro.

Besos de estos de aqui.

ANA ISABEL DIAZ GOTI dijo...

Qué bueno es tener una amiga trotamundos que me sirve en bandeja sensaciones y vistas maravillosa. Gracias.