martes, 13 de noviembre de 2007


Geografía inspiradora.
Suaves y mullidas camperas,
alegría de los bosques de hayas y robles y,
arriba," en el reino encantado de las águilas y rebecos", la roca dura, escarpada, afilada, amenazante y tentadora; grandes "jous", simas profundas, donde el aire se arremolina, se debate y se pierde entre agujas imponentes que te desafían desde la vertical purísima.
Es el único sonido, el del viento, azotando las paredes, rebotando y haciéndote sentir como una pluma.
Entre tanta roca, los grandes neveros, donde el sol juguetea con la nieve, el corazón se acelera, vas sobre un manto de diamantes, cegándote con miles de reflejos y tus pasos cuidadosos, temerarios tantean el camino hasta ahora no pisado.
Ya en la cumbre y sin resuello te sientes muy pequeña, mareada por el vértigo de la vista infinita que se abre ante tí.
Este es mi paisaje irrepetible, puro y duro y sobre todo perdurable. Donde la libertad se escribe con mayúscula.

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