martes, 3 de junio de 2008

Relato de un salvamento


Estos son los protagonistas: Mini, la gata intrépida y el lagarto verde.
Mini lo cazó y me lo trajo como prenda, me lo puso en el felpudo y me miraba; su sangre felina debía de sentirse orgullosa de la caza. El pequeño dinosaurio sacaba la lengua cada vez que la gata se le acercaba, si yo intentaba quitárselo lo cogía entre los dientes y salía corriendo con él; al pobre ya le faltaba la cola, así que tenía que ser cuidadosa para poder salvarlo. Una pelota fue la solución, la tiré cerca y la gata fue corriendo a ver qué era, con el papel del periódico recogí al lagarto frío como un muerto, pero vivito y no coleando.
Aún tuvimos tiempo para hacer una sesión fotográfica antes de devolverle la libertad.
Se lo debía en memoria de la pobre paloma torcaz que encontré la otra semana debajo de la mesa de la cocina rodeada de un manto de plumas blancas. Esa vez llegué tarde. ¡ Cosas de la madre Naturaleza!.

2 comentarios:

Libertad dijo...

¡Qué verde y qué pacífico es el escenario de tu vida! Llevo mucho tiempo debatiéndome entre una profesión que además es una vocación y que me obliga a vivir en la gran ciudad o ser medianamente feliz, pero feliz de verdad, rodeada de un entorno parecido al tuyo. Imagino que me falta valentía para dar el paso, o quizá que mantengo la esperanza de que la juventud me permita hacer ambas cosas, cada una a su tiempo. ¿Sabes que hay vuelos de Madrid a Asturias por 19 euros? Creo que ya te lo he dicho alguna que otra vez. Jajaja. ¡Que tiemble Llanes!... Como tiemblo yo: 38,2º de fiebre y subiendo. Esto de somatizar las penas...
¡Enhorabuena por el salvamento! Lo que no acabo de comprender es por qué los gatos más o menos domésticos matan bichos -la paloma torcaz- que después no se comen. Seguro que tú tienes la respuesta.
Besote grande.

Libertad dijo...

Aaaaps, yo soy una experta en el salvamento de gorriones. ¿Verdad que la emoción es incontenible cuando salvas a un animal?
Más besos